LA HISTORIA DE MR. DUDELS

 

LA HISTORIA DE MR. DUDELS


He aquí una historia peculiar de un objeto sin igual. No es una historia distinta a las demás, simplemente es especial.

Pero no os adelantéis a los acontecimientos, debéis poner toda vuestra atención porque no habrá otra ocasión para escuchar esto mismo que os voy a relatar…

Hace mucho, mucho tiempo, en un lugar inimaginable, donde los objetos más estrambóticos eran los más singulares; vivía Mirlo, el artesano, que moldeaba todo con sus manos.

Cierto día creó un objeto muy especial, a la par que particular. No era el típico objeto maravilloso, de esos que enseñas tan orgulloso; pero era el que Mirlo más quería, ya que el valor de juguete le pondría.

No sabía a dónde iba a ir a parar, pero de lo que sí estaba seguro es de que a algún niño iba a alegrar. Y no le faltaba razón, porque esta historia sin parangón aún no ha terminado; dejadme acabar aquello que he empezado…

No se conoce muy bien por qué ese juguete salió del taller; y entre todos los lugares que se pueden imaginar, ¿adivináis dónde fue a parar?

Pues sí, del mismo modo me quedé yo al saber dónde se asentó; en un lugar de lo más extraño, donde el pobre juguete acabó en la calle tirado como si de un trapo inservible hubiese sido tratado.

Pero no os preocupéis queridos lectores, dado que toda historia tiene un final, y ya os adelanto que este os va a gustar.

El juguete fue encontrado por un ser de lo menos esperado. Era un hombre corpulento, y no por ello el más lento, sino todo lo opuesto. Pepe se hacía llamar, y por todos era conocido debido a su profesión; dado que Pepe rescataba todo lo que por el suelo encontraba y que, bajo su criterio, pudiera tener una segunda vida siempre que recibiese el trato que merecía.

El coleccionista de obras maravillosas le llamaban unos. El que guardaba porquerías le llamaban otros. Pero eso a Pepe no le importaba, ya que su trabajo sólo se reservaba para aquellos con el poder especial de mirar desde otro prisma personal.

Así fue como un día se plantó un niño frente al escaparate de su tienda, tan asombrado ante lo que mostraba que no dudó un segundo en pasar adentro para poder verlo con mejor tiento.

Sin más dilación, el niño se dirigió a Pepe, señalando el juguete en cuestión. Pepe se lo concedió, no sin antes advertirle que lo debía cuidar como si de su posesión más querida se fuera a tratar.

El niño le prometió que así lo haría, porque ya sabía hasta cómo lo llamaría: “Es Mr. Dudels –indicó- y lo querré durante toda mi vida”.

Por lo que ya habéis visto, amigos, cómo este objeto pasó de mano en mano hasta acabar en brazos de la persona que más pudo desearlo.

Únicamente le hacía falta un poco de cariño para terminar siendo visto por alguien que supo reconocer lo que valía cuando nadie más lo sabía.

Y aquí viene la moraleja de esta historia: Lo que para unos pasa desapercibido, para otros puede significar el mayor tesoro que lograron hallar.

© Sara Guerrero Gómez

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