NALICIA EN EL PAÍS DE NAVALCUERNO
NALICIA EN EL PAÍS DE
NAVALCUERNO
Érase
una vez que se era una muchacha que, tan distraída como era, cayó por una
madriguera de conejos mientras se iba preguntando: “¿Cómo he llegado hasta aquí?
¿A qué huelen las nubes?”, y todas esas cosas que todos nos preguntamos alguna
vez en la vida.
Resulta que, cuando tocó el suelo, estaba del revés con todo el refajo vuelto y los pelos de punta cual primo Eso, con lo cual no vio una mierda hasta que se colocó decentemente. Y allí, a lo lejos, atisbó un cartel que indicaba que estaba en Navalcuerno.
- Que nombre más curioso – pensó Nalicia – A saber qué hacen a la gente en ese sitio. No obstante, pasearé por este lugar hasta que con alguien me vaya a encontrar.
Cuál fue su sorpresa cuando vio una mesa de la que emanaban vapores y olores de todos los tipos y colores. Muy recatada se acercó a preguntar a dos personajes, porque de otro modo no se podían llamar, tan locos como para en un manicomio estar.
- ¡Hola! – dijo Sombremery Loco.
- ¿Te apetece una taza de té? – preguntó Irenejo.
- Pero, ¿por qué bebéis tanto té? Si apenas sois dos – señaló Nalicia.
- Verás, es que a este té se le conoce como “té de la risa”, y cuanto más bebamos, mejor nos lo pasamos – explicó Irenejo.
- Acabáramos – pensó Nalicia – Ahora entiendo todo, ejem ejem. Mejor me voy por donde he venido y continuo mi camino.
Nalicia
se despidió de esa gente extraña, además de drogada, y caminó desesperada.
Tanto siguió andando que, sin darse cuenta, se hizo de noche, y no tenía ni una
linterna ni un mísero mechero para alumbrarse (mal día para dejar el tabaco
moza, porque aquí nadie fuma, nadie
coopera).
Pero, de repente, una luz se asomó en la oscuridad. No podía ser, seguro no estaba viendo bien, ya que la luz tenía forma de sonrisa.
- Qué cosas más extrañas hay en este pueblo – se dijo a sí misma.
Hasta que se atrevió a vociferar en alto:
- ¡¿Hola?! ¡¿Hay alguien ahí?!
Lo único que se escuchaba era una voz descojonarse, mientras que poco a poco se materializó, dando lugar a Sararizón.
- ¿Quién eres? ¿Por qué te ríes tanto? – quiso saber Nalicia.
- Verás hermosa, llevo tanto tiempo sin triscar, que mejor reír que llorar – contestó Sararizón.
- Amm, a mí eso no me pasa. Deberías probar algún objeto contundente con el que poder atizar a alguien en caso de peligro y, de paso, aprovechar para quitarte el gusanillo.
- Buen consejo, lo probaré un día de estos.
- Y ya que te he dado una idea tan genial, ¿podrías decirme como la madriguera encontrar?
- Claro que sí niña. Sigue las baldosas amarillas, y no andarás perdida.
Pero,
un momento, Nalicia no puede salir sola de Navalcuerno. Tiene que volver con
esos personajes tan curiosos que se ha encontrado para que, sin duda, su camino
sea más acertado.
Así Nalicia fue a buscar a Sombremery, Irenejo y Sararizón; para, entre todos, ir cantando: “Because, because, because…” a lo Mago de Oz.
Y
descubrir que, cuando ciertas personas con el mismo tipo de locura se
encuentran, una nunca puede decir que está sola por muy lejos que se encuentre,
porque el cartel de “Exit” siempre aparece iluminado a lo lejos, aunque a veces
tarde el puñetero más de lo que deseamos, pero acaba asomando.
Porque
todos, si queremos, podemos terminar siendo felices y comer perdices (o
calabacines, si así lo consideramos por nuestra dieta).
NOTA: Adaptación personal basada
en la historia original del libro “Alicia en el País de las Maravillas”, de
Lewis Carroll.
Nunca
dejaré de sorprenderme de la imaginación de este genial autor.
MENCIÓN ESPECIAL: A mi amiga Natalia. Esta historia la escribí para ti, por ser tan importante para mí. Por el día en que tu familia decidió mudarse y arrastrarte con ella a un pueblo perdido, donde fuiste a dar conmigo. Porque a veces las decisiones no se eligen, sobre todo a temprana edad, pero nunca se sabe a dónde te van a llevar. Y ésta, sin duda, dio en el clavo, porque no seríamos lo que somos la una para la otra si no te hubieses sentado en clase a mi lado.
Comentarios
Publicar un comentario