ME NIEGO
ME NIEGO
Me niego al estar por estar.
Me niego a no recibir lo mismo
que sé dar.
Me niego a conformarme con la
realidad superficial que refleja la sociedad.
Me niego a creerme esa obra
teatral de los que no saben amar.
Obra que solo emana miedo, inseguridad
y un ego descomunal.
Porque, para querer de verdad,
hay que empezar por derribar las paredes que nosotros mismos construimos para
evitar conocernos.
Paredes que se vuelven más
delgadas a medida que crecemos, maduramos y nos atrevemos a dar al paso hacia
nuestro ser interno.
Y eso no se puede hacer si
estamos rodeados constantemente, ya sea de cosas o de gente.
Si siempre necesitas una
distracción para mantener tu mente ocupada y evitar así enfrentarte a aquello
que desconoces de ti mismo por temor a lo que puedas encontrar; ¡felicidades!
Has conseguido entrar a ese guion establecido de “lo que se supone hay que
hacer en la vida” que decide seguir la gran mayoría para no salirse del camino
que nos han enseñado desde pequeñitos.
¿En qué momento se volvió todo
tan complicado?
¿En qué momento se convirtió en
rutina normal, incluso bien visto y aplaudido por los demás, entregarte a una
persona que acabas de conocer, desecharla cuando te cansas y/o pasar de una a
otra como si nada?
¿Acaso somos robots sin
sentimiento alguno?
¿Acaso llena más acostarte con
cuantas más personas mejor, como si estuvieras haciendo una maldita colección,
que permanecer al lado de una que valga la pena porque te complementa (que no
completa) en todos los sentidos?
¿Acaso no volvemos a ese miedo a
lo desconocido?
Como no nos aguantamos a nosotros
mismos, no sabemos quiénes somos, qué queremos ni cómo conseguirlo; pasamos por
la vida quitando de en medio lo que nos enfrenta a la posibilidad de crear
relaciones más profundas, y que alguien conozca esa parte oscura que no
sabríamos ni que tenemos si no fuera por el espejo que supone cuando se cruza
en tu vía, te remueve y te hace cambiar de paradigma.
Podéis llamarme antigua, pero
seguiré sin conformarme con eso que me llevan intentando vender desde que tengo
uso de razón. Sea lógico hoy en día o no.
Porque a mí no me llena una
mierda que me quieran a ratos, no consecutivos, sin acceso alguno restringido.
Lo bueno de haber pasado por el
desamor es que sabes lo que estás dispuesto a aceptar y lo que no. Y si la otra
persona no sabe poner límites, tranquilo, que ya los pongo yo.
Porque confío y espero que cada vez seamos más los dispuestos a salirnos del molde, que no queramos encajar y decidamos, por nuestra cuenta, no quedarnos con lo primero que aparezca por miedo a no hallar lo verdaderamente excepcional.
©
Sara Guerrero Gómez

Comentarios
Publicar un comentario