IRA
IRA
De esa que te dice: idiota, espabila.
Que tragas y asumes cuando las cosas no
salen como te gustaría.
Ira que te debilita porque eres incapaz
de expresar tus heridas.
Ira que sientes al esperar esa llamada,
ese mensaje o esa disculpa que llega tan jodidamente tarde.
Ira que sale cuando has hecho y dado todo
por alguien y aun así no ha sido suficiente para que decidiera quedarse.
Ira cuando simplemente la vida te golpea
de una forma que no esperarías, desbaratándote todos los planes que pensaste
que algún día llegarían.
Ira que se enquista hasta el punto de no
recordar ni que la tenías, porque has asumido que es mejor callarla, recogerla
y encerrarla dentro de ti como si nada.
Hasta acabar haciendo una bola tan grande
que hará que te atragantes al mínimo descuido o torpeza por tu parte.
O pagándolo con quien sea que tengas
delante. Y eso no es justo para nadie.
Así que busca esa forma única que solo tú
comprendes para sacar afuera lo que tanto te enciende.
Si necesitas gritar, grita.
Si necesitas llorar, llora.
Si necesitas correr, corre.
Pero, no te estanques en esa agonía, ya
que hay una buena noticia.
Y no es más que si consigues reconocerla
y expulsarla de manera cordial, cada vez te vendrá menos a visitar.
Porque sabrás que lo primero es tu paz mental
que, gracias a su presencia, habrás aprendido a gestionar.

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