GULA

 

GULA

Según el diccionario, el significado literal sería padecer un “apetito desordenado”.

Pero, ¿apetito a qué?

A un sinfín de sustancias placenteras, cuyo consumo se convierte en obsesión sin que puedas sostenerlas.

O quizás sí puedas, pero no sabes cómo ni estás dispuesto a perderlas.

Porque toda ganancia requiere una pérdida.

Toda elección tomada en una dirección conlleva la renuncia de otra en la opuesta.

Todo camino escogido invalida otro del que no sabías ni su existencia.

Y no es fácil decir adiós a aquello que te engancha, pero en el fondo sabes que no te sienta bien porque te empacha.

En mi caso personal la gula se traduce en ansiedad.

Ansiedad por no saber cómo manejar la situación, por la maldita incertidumbre en la que se convierte tu actuación ante los devenires de tu existencia.

Ansiedad que produce un insomnio descomunal por no ser capaz de apagar ni tus propios pensamientos si quiera cuando estás durmiendo.

Ansiedad ante lo inesperado, a no tener claro si atreverte o no a dar el condenado paso.

Ansiedad ante lo que vendrá; elegir abrirte en canal o continuar, como hasta ahora, encerrado en tu armadura particular.

Así que, aún a riesgo de fracasar, ¿cuál será la decisión que finalmente tomarás?


© Sara Guerrero Gómez


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