ESTEREOTIPIA

 

ESTEREOTIPIA

No soporto los estereotipos, nunca he entendido por qué por el hecho de ser hombre o mujer tienen que verse afectados tus gustos, como si te etiquetaran al nacer.

De hecho, te etiquetan al regalarte vestidos de color rosa y muñecas, si es niña lo que esperas; o pantalones azules, coches y balones cuando es un niño el que viene de camino.

Nunca he soportado los tacones, ni las faldas. Me gusta andar, saltar y correr si me apetece; y no tener que dejar de hacerlo porque me duelan los pies o se me vean las bragas. Además, si para poder llevarlas tengo que ponerme medias que me ahorquen y me dejen sin respiración porque sí, o que me rocen los muslos; realmente tener que soportar todo el conjunto no me compensa en absoluto.

Odio tener que vestirme y arreglarme como una puerta para ir a una entrevista de trabajo, perfectamente maquillada, peinada y conjuntada, porque las apariencias hacen mucho, y sólo por eso ya puede verse afectada tu entrada a conseguir ese puesto. Qué más da que esté perfectamente cualificada, tenga estudios y experiencia de sobra si no considero que sea imprescindible pintarme las uñas o taparme las arrugas.

Del mismo modo, no me agrada que las chicas tengamos entrada gratuita a algunas discotecas por ser “ganado” y atraer más clientela. ¿Perdona? Si es gratis es para todos, chicos incluidos. Y si me apetece salir con playeras, no tener la necesidad de ocultarlas por si acaso el sitio es muy “chick” y no me dejan pasar.

Es más, aunque lo intente, porque hay algunas ocasiones en las que sí o sí tienes que ponerte tacones, como bodas y comuniones, suelo aguantar lo que dura la ceremonia antes de tener que recurrir a mis amadas zapatillas para disfrutar del acontecimiento en todo su esplendor.

Para muestra un botón, en la boda de mi hermana con un vestido estupendísimo de princesa y mis zapatillas fosforitas, que pegar no pegaban una mierda, pero poco me importaba si así no me mataba al salir a bailar, o simplemente caminar.

Nunca me ha gustado, desde que tengo uso de razón, ir de compras y tirarme horas en las tiendas mirando y probándome ropa. Soy más de ir directa a lo que sé que necesito y no perder el tiempo entre el gentío del centro comercial. Me aburre sobremanera esa costumbre, tanto que aguanto pocos minutos antes de dar media vuelta e ir derecha a cualquier tienda de libros, que realmente me interesa. Por eso, una de las peores frases que me pueden decir es: ¿Me acompañas de compras? No voy ni para mí.

No por eso significa que sea menos femenina, no me considero menos mujer por preferir otras cosas, como leer revistas de motos antes que de cotilleos; o ver pelis de intriga o acción antes que las típicas comedias románticas que sabes cómo van a acabar a los primeros cinco minutos de comenzar.

No voy al gimnasio por enseñar cacha y mostrarme ante el género masculino. Aunque pueda sorprender, voy porque me encanta hacer deporte y encontrarme bien. Por eso nunca, jamás, entenderé cómo hay chicas que se maquillan, se ponen sus joyas y se hacen esos peinados espectaculares para ir a entrenar. ¿Soy la única que suda cuando hace deporte y acaba con los pelos de cualquier manera después de una sesión buena de cardio? Ni que fuéramos robots, preocúpate más de no romperte una pierna y realizar bien los estiramientos para no tener lesiones ni agujetas, que de mantener tu perfecta jodida apariencia. Que tanta superficialidad se nos está yendo de las manos.

Igualmente, para los hombres, no pasa nada por dejar a un lado las pesas y entrenar otros músculos. Y, si de verdad esta sociedad no fuera tan sexista y os importase un comino lo que piensan los demás, veríais lo divertido que es una clase de zumba o lo bien que puede venir una clase de GAP (glúteo, abdomen, pierna). Por suerte, cada vez son más los que se animan a ir a pilates, comprobando por ellos mismos los beneficios que conlleva la práctica duradera.

No entiendo por qué esas malas caras cuando rechazas que te lleven las bolsas o te cedan su asiento. Agradezco el ofrecimiento, pero si de verdad lo necesito voy a ser la primera en pedir tu ayuda, no voy a poner en juego mi salud si considero que no puedo con el peso que llevo. Así que créeme cuando te digo que gracias, pero no hace falta. No considero ofender la masculinidad de nadie por cargar con peso de más. Igual el de al lado también necesita tu ayuda, porque ser chico no es sinónimo de estar híper fuerte y poder con todo.

Igual que sí o sí por salir de fiesta, o a un bar, quiere decir que tengo que beber como si no hubiera un mañana. Repito, si de verdad me apetece lo pido, no me quedo con las ganas. Pero si es que no, no lo hago y punto, no pasa nada. Sé que la presión social es muy grande, que ya antes de ser mayor de edad parece que eres raro o te pasa algo si no has probado todo lo que te puedes encontrar cuando sales, que es mucho. La primera vez que probé el tabaco tenía 17 años, no me gustó nada el sabor, por lo que nunca me dio por fumar, a pesar de que mis amigos llevaban haciéndolo desde años atrás. Curiosamente, coincido con la opinión de muchos cuando preguntas: ¿Entonces por qué empezaste a fumar, si cuando lo probaste no te gustó? Brillante respuesta: Porque todos lo hacían. Qué bien, “Si Milhouse se tira por un puente, ¿tú también? ¿Que Milhouse se ha tirado por un puente? Voy a verlo”.   *Los Simpsons

Al alcohol sí le cogí cierto gusto, después de años y de probarlo cuando me dio la gana, de no beber solo por hacer el famoso botellón. Eso nunca me gustó mucho que digamos, y si lo hago es por los precios desorbitados de las bebidas alcohólicas en cualquier lugar. Además, cualquiera que me conozca sabe que como mucho con tres copas tengo de sobra. De nuevo, créeme si te digo que no quiero ni necesito más, porque conozco mi límite y no pretendo acabar por los suelos, ni tener que vomitar. Pero esto no tiene mucho que ver con el hecho de ser hombre o mujer, se puede aplicar a ambos; salvo en el caso de ir los dos a tomar algo y pedir, por ejemplo, un refresco y una cerveza, ¿adivináis a quién acaban poniendo la bebida con alcohol? Pues eso.

Aguanto poco las conversaciones que giran en torno al físico, rutinas domésticas o si le gustas o no a ese chico. Todos pasamos por lo mismo y necesitamos desahogarnos en algún que otro momento, que me parece perfecto. Pero no hablar de otra cosa, aburre. Y a mí me conquista mucho más alguien que sea sincero y no tenga vergüenza de tirarse un pedo (porque, como seres humanos, también tenemos gases de vez en cuando) que alguien que pretende ser lo que no es, mostrarte su cara bonita sólo para conquistarte y, cuando de verdad se enfrenta a la realidad y hay que echarle valor, irse con el primer escote que se le pase por delante. Otra vez, de nuevo la superficialidad: Si me canso de algo lo tiro, sin más.

Sabéis que todos los cuerpos cambian porque todos tendemos a envejecer con los años, ¿verdad? Y que dar con alguien por todo lo que representa para ti, tanto física como (espero que, sobre todo) mentalmente no es tan fácil como para andar desechándolo a la primera de cambio. Pero es simplemente mi opinión, allá cada uno con lo que hace.

A mí me han llegado a preguntar (verídico) si soy lesbiana por no tener novio a una edad en la que se supone hay que tener pareja. Mi respuesta: Que yo sepa sigo siendo heterosexual, pero si algún día me da por cambiar serás la primera persona en la que NO me fije.

O, mi preferida: No tienes novio porque eres muy exigente. No hay que imponer tanto.

Perdóname por no irme con el primero que se me cruce, no querer solo rollos de una noche y fijarme en algo más para decidir acostarme con alguien y, sobre todo, tener una pareja estable, ya sé que no es la costumbre. De nuevo, si es lo que quieres, perfecto. Si no es lo que yo quiero, no me llames rara ni me faltes al respeto.

Y ya el colofón es si, como yo, pasas de los 30 años y no tienes ni novio, ni planes de boda ni de tener hijos. Parece que tenemos un límite de edad marcado en el calendario de nuestra vida, con una serie de “checks” establecidos de serie, donde estamos a un paso de ser catalogadas como “la solterona, loca de los gatos” porque todo el mundo sabe que si estás soltera a cierta edad debes llenar ese vacío con mogollón de mascotas (lo marca el calendario). Pero si eres hombre no te preocupes, te convertirás en soltero de oro o madurito interesante, o ambos.

Así que mejor muéstrate tal como eres, si te van a juzgar igualmente por no seguir la regla general. Pero así sabrás que, si le gustas a alguien, ya sea pareja o amigos, será por quien eres de verdad, y no por intentar encajar en una sociedad que cada vez toca más las narices con los comportamientos instaurados, o las distintas formas de actuar diferentes de las de los demás.



Comentarios

Entradas populares de este blog

CAMINO BAZTÁN, SALVADOR Y PRIMITIVO

MÉXICO

AVARICIA