ESPEJISMO
ESPEJISMO
Qué pena estar siempre pegado al suelo
El cielo queda demasiado lejos
Tendré que soñar que puedo volar.
(Fito & Fitipaldis; Viene y va)
Observando
por un pequeño agujero descubrí el mundo en el que un día soñé vivir.
No
era un mundo lleno de héroes ni princesas, cuyo deseo invade las mentes de las
más pequeñas; sino más bien un mundo singular, en el que cualquier cosa podría
pasar.
Del
suelo emergían troncos gruesos y fuertes, tan altos que su copa se perdía entre
los cielos celestes. El lago, de agua pura y cristalina, sólo veía rota su
calma cuando alguien en él se sumergía. Y el paisaje era tan hermoso que si una
sola gota emanaba de un rostro, sería de alegría al contemplar dicha imagen tan
espectacular.
Pero,
como todo bosque guarda su encanto, prestad atención y os seguiré contando…
Por
el día ninguna cosa en particular ocurría; pero cuando hacía su aparición el
cielo estrellado, la magia llegaba por todos lados.
De
entre los arbustos, unos seres curiosos empezaban a asomar su busto. En principio
únicamente se percibían unas orejas picudas, seguidas de una mirada tan
penetrante como aguda. Pero es sin duda la nariz larga y peculiar lo que hace
que un duende podamos señalar.
Todo
parecía iluminado por algo tan raro como extraordinario.
Algo
difícil de contemplar por ojos desconfiados, incapaces de ver más allá que
aquello que les ha tocado. Pero merece
la pena hacer un esfuerzo si queréis observar a los seres más bellos de este
reino. Con su revolotear ágil y su cuerpo grácil conseguían enamorar a
cualquiera que este lugar se atreviese a pisar.
Ésa
es la magia que ocultan las hadas: lograr que un sitio se refleje con la luz
que desprenden y tal vez, si tenéis suerte, cubriros con el papel que
únicamente la fantasía otorga a quienes poseen las mentes más maravillosas.
No
obstante, se hace tarde, es hora de despertar y volver a la realidad, deseando
con todo mi corazón que no haya sido solo una mala jugada de mi imaginación; y
que un día, no muy lejano, pueda encontrarme en aquel lugar soñado.
Hasta
entonces no queda más remedio que esperar, mientras una lágrima silenciosa
comienza a resbalar…
MENCIÓN ESPECIAL: A mi amigo Josemy, por ser la primera persona que me animó a publicar mis historias, dando lugar a que escribiese ésta para su libro “El Collar de La Soledad”. Siempre me alegraré de haberte encontrado en el Camino, tan especial para los dos. De eso hace ya 10 años, y algo mágico tendrá si nos sigue llamando.
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